


Fátima Guerrero, de 55 años, lo dio todo por su hija, pero en su cumpleaños solo recibió insultos y un mezquino regalo. Dejó de ayudar y volvió a su pueblo, donde heredó tres millones por la expropiación de su casa. Mientras su hija enfrentaba deudas, un aborto y un divorcio, e incluso intentó estafarla, Fátima donó su fortuna y emprendió un viaje en auto. Al fin, viviría para sí misma.
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